Balam Okan y el Gran Agujero Azul.

El equipo y yo entramos el día de hoy a la reserva de Cockscomb en busca de una fotografía de un jaguar.
Augustin (sí, con una U de más), nuestro guía nos contaba que los avistamientos habían sido difíciles en los últimos días debido a las lluvias y que los animales habían ido más al sur, por lo que ese era el plan por la madrugada.
3 a.m. y todos estábamos listos.

Caminamos por horas y los primeros rayos del sol se asomaban por las copas de los árboles. Mi lógica decía que podamos encontrar a alguno de ellos al amanecer, pero las horas pasaban y no había nada. Encontramos rastros, al parecer una hembra con dos crías y restos de lo que parecía un venado, conforme el sol salía, el equipo pensaba que no encontraríamos nada, yo me decía que mientras no fuera mediodía, todavía había esperanza y Augustin dijo que era cierto.

Nos paramos un momento y desayunamos, arroz con alubias, pollo y de postre, bimacacule que es arroz dulce, todo acompañado con agua de coco, uno siempre busca un Oxxo para una coca-cola, pero no siempre hay.
Seguimos nuestro camino, vimos tucanes, tapires, una familia de venados, demasiados insectos y uno que otro mono aullador, ningún jaguar.
Le aviso al grupo que me voy a separar ya que hay una telaraña que me gustaría fotografiar, todos me dicen que sí (los culeros, siguieron caminando).
Pongo mi backpack sobre una piedra, tomo el macro, iba a quitar el 70-300 mm de mi cámara cuando escucho un crujir detrás de mí.
Y ahí estaba el pequeño gatito. Le calcule unos dos metros de largo con todo y cola, alto, sano.
Me emocione pero con precaución, ya que el “modo silencio” de las Nikon es todo, menos eso.
La cámara estaba en modo ráfaga, 10 fps, pero ¿para qué tantas?, – no pienses en pendejadas –  pensé.

Encuadro, enfoco y tomo la foto. La mala costumbre de ver la pantalla – pinche rama culera – pensé.  –

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Al momento de moverme y tomar la foto, el jaguar me observa.

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Me quedé viéndolo y no moví la cámara, dos fotos, tres, cinco…

Lo que veía en el visor me decía, me va a tragar.

DSC_0322Volteo de reojo y Augustin está a mi lado, trae su gorra en las manos, observa al jaguar y dice:

  • Augustin: Balam Okan.
  • Yo: No mames.  – le respondo –
  • Augustin: No, Balam Okan.  – Señalando al jaguar. –
  • Yo: ¿Están a punto de tragarme y hablas en tu dialecto?  – le digo. –
  • Augustin: No, Balam Okan.
De reojo veo que los demás están ahí.
Nadie toma fotos, nadie hace nada. Se le quedan viendo al jaguar y soy el único tarado que hace un pequeño movimiento, sube la cámara y vuelve a tomar una foto. La última.
El jaguar se me queda viendo, con esa expresión.
Solo a mí, a nadie más, no mueve la cola, no alcanzo a ver si parpadea, pero no deja de observarme, a los ojos.
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Una sensación que jamás había tenido me recorre la espina y me enchina la piel, nadie dice nada.
Por unos minutos, permanecemos así, viéndonos a los ojos.
De pronto mira a los demás, me regala una última mirada y se va.
Augustin nos dice que sin dejar de mirar al frente, nos retiremos a un área más amplia. Sin decir nada, obedecemos.
Nos sentamos en un claro, me preguntan si hice la foto y sonrío diciendo que sí, ellos dicen que nadie más tomo fotografías.
  • Kaaaboooom, bitch – les digo.
Augustin me mira, y me dice:
Acabas de vivir un encuentro totémico, ese jaguar es Balam Okan, uno de los cuatro grandes y solo lo hemos podido ver 4 veces en los últimos 6 años, mi padre es un chaman y sé que lo que acabamos de vivir, es algo que se ve muy pocas veces en la vida.
Lo veo con cara de que está en shock, ya que siempre pensé que si tenía un animal totémico sería algo con alas o bien algún tipo de cánido y se lo digo.
Y de pronto, el don señor, que solo lleva horas de conocerme me dice rasgos de mi personalidad y vida que me dejan impresionado.
  • No, este tipo de cosas solo le pasan a personas como tú, con una fuerza de voluntad diferente, y aunque eres una persona silente y seria, tienes un corazón valiente (entre mí decía “cálmate Augustin Wallace”) y lleno de amor; en tus momentos más oscuros, encontraste el camino, entiendes el caos (ya aquí me tenía impresionado, la verdad), te mueves dentro de él sin miedo y vuelves siendo más fuerte, tienes la fortaleza, valentía y coraje de moverte sin miedo en la oscuridad.  –
Todos lo miramos con cara de incredulidad, ¿cómo alguien que no te conoce puede decir eso de ti y acertar?
Nadie dijo nada sobre eso durante todo el trayecto de regreso.
Ya de regreso en nuestro bonito congal, nos bañamos, cenamos y descansamos ya que mañana (o al rato) iremos al Gran Agujerote Azul.
Augustin se despidió de mí diciéndome que recuerde lo que viví y sentí al ver a Balam Okan, sus otras palabras sobre el amor y la vida prefiero conservarlas para mí.
Hoy viví algo diferente, único y que me hace amar cada día más a la fotografía.
P.D. No me morí, omitan la búsqueda de la esposa.

El domingo el recorrido incluía visitar el Gran Agujero Azul.

Tomamos nuestro equipo y emprendimos el viaje.

Ya en el barco, Marina hacia su desmadre, como siempre.

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Esta vez, entre todo el equipo, se decidió hacer una fotografía aprovechando los rayos del sol que entraban en el mar, al ser buceo libre, no sería tan pesado.

La cámara tenía un 17-35mm que me prestaron, ya que como información que cura, todo se magnifica debajo del agua por lo que es necesario contar con un angular pero no algo tan extremo como un fisheye.

Ahora, otro detalle cuando se hace fotografía submarina, es la luz, en las fotos podrán observar que hay demasiada, pero en realidad no es así.

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Los parámetros fueron los siguientes en ambas fotos para que se den una idea.
Cámara Nikon D500
Lente 17-35mm f/2.8D @17mm
ISO 1000
ƒ/5
1/320s

Después de la sesión con Marina, nos pusimos los trajes y vagamos por ahí, encontramos una pequeña sección de rocas donde se hizo esta foto:

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Y unos minutos después aparecieron tiburones y tortugas.

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Después de un rato seguía mi cometido… usar el drone.
Tuve que tener muchísimo cuidado por dos cosas, el aire y las avionetas, cuando veía que no se acercaba ninguna, subía el drone y tomaba las fotos, y como con cualquier equipo, sé que necesito al menos, dos baterías, esta vez me prestaron una por lo que llevaba dos y contaba con 40-50 minutos de vuelo, con 25 minutos o menos, realmente se puede hacer poco a menos que tu sesión esté planeada al 100%, en mi mente, pensaba fotografiar solo el Gran Agujero Azul, pero no contaba con lo que vería cuando subió el drone o lo que podía ver cuando llegamos a tierra.
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Los parámetros de las fotos son casi idénticos entre las tres:

ƒ/2.8
ISO 200
1/200s
WB automático

Consejo o información que cura; tomen las fotos en formato DNG (o RAW), es mucho más fácil ajustar los parámetros para que los azules sean azules, de igual manera, disparen en manual. Compren al menos un par de baterías, un juego de filtros ND y un parasol de monitor para su control remoto, esa madrola se pone en el smartphone o tablet y evita los reflejos, no es cara y es muy recomendable.

Al final no me madrearon por haber volado el drone, no me comió el jaguar y obtuvimos la foto, Belice es increíble y ya quiero regresar con más tiempo y perderme en su belleza.
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¡5 años de Historias del Campo!

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Dicen que todo gran esfuerzo, conlleva un sacrificio.

Desgaste físico, mental, mentadas de madre, relaciones perdidas, desveladas y la lista sigue, sigue y sigue.

Hubo mañanas que no me quería levantar y noches que me quería ir a la cama. Ninguna ocurrió. 

Pero para mí, solo existe una palabra: triunfo.

Vi mi proyecto expuesto.

En Alemania y la India, dos veces en México y tres veces en Estados Unidos.

Ayer se cumplieron 5 años de la idea de Historias del Campo; creció, maduro y se volvió un proyecto único, diferente y conmovedor.

Ha tocado fibras, creado conciencia y ha apoyado a toda una comunidad.

Creo nuevas amistades y fortaleció las antiguas.

Otorgó admiración y reconocimiento a quien jamás había recibido un aplauso.

Hoy es un día para festejar y saber que el cielo es el límite.

Todo lo que se hace con el alma, resulta en algo increíble.

Gracias a todos ustedes que han sido parte de estas Historias del Campo.

¡Getty, baby!

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A veces hay que guardarse ciertas cosas, incluso a las personas más cercanas.

Todo lo que tiene un principio, tiene un final.
El viernes deje Nikon, mi casa por los últimos años y donde viví experiencias increíbles y devastadoras al lado de personas excepcionales.
Este año cumpliré 13 años ejerciendo como fotógrafo, 13 años… y que mejor manera de celebrarlo que uniéndome a las filas de Getty  Images.

Para mí, un nuevo trabajo y un nuevo espacio es como enamorarse, lanzarse al vacío confiando en que todo saldrá bien, algo que he aprendido estos últimos años es que hay que dejarse llevar , dando lo mejor de uno mismo independientemente de como sea la contrapartida.

Será una nueva aventura.
Que venga lo nuevo, que inspire, que sea motivo de grandes cosas, nuevas metas y más sueños por cumplir.